Opinión sin spoilers de los dos primeros episodios de El embarcadero.
El embarcadero se anunció en marzo como la primera serie de Atresmedia creada para Movistar+. Pude ver el primer episodio sin apenas saber nada allá por diciembre. El piloto me gustó, especialmente su final, que elegía el camino más inesperado. Aunque un hombre, Oscar, parecía ser el centro de atención (Alvaro Morte), pues su suicidio destapaba su doble vida, sus dos mujeres (Verónica Sánchez e Irene Arcos) se convertían en las verdaderas víctimas de la trama. Aunque el supuesto suicidio olía a algo más turbio, lo que más me interesó fue el análisis psicológico que se podría desarrollar de esta insólita situación a la que se enfrentaban estas dos mujeres y sus familias.
Como destaqué en Twitter, el thriller me atrajo por un gancho que "espero anime a la introspección", su liberadora atmósfera (la Albufera valenciana), el dinámico montaje (juega muy bien con el flashback, alternando esos dos mundos: entre la celeridad de la ciudad, la fiesta, el desorden y cierto caos; con esa albufera idílica, de parsimonia y paz) y una formidable Verónica Sánchez. Dirigen Jesús Colmenar, Alex Rodrigo y Jorge Dorado.
Incluí la serie en mi ranking de nuevas series feministas de 2019) por este previsible tour de force entre ambas actrices. Si en el primer episodio brilla Verónica Sánchez y cierto humor negro muy sutil (el funeral acaba siendo un mero trámite ante la sorpresa de su personaje, Alejandra, aliñada con los comentarios de extrañeza de la madre –Cecilia Roth– y la hermana –Marta Milans–), en el segundo (que pude ver en un visionado esta semana en el cine Metropol), entra en acción la otra, llamada Veronica (para más inri), dando alas a Irene Arcos (magnética) para brindarle al espectador las claves necesarias para comprender un poco más la situación. Oscar se enamoró de esta mujer libre, aunque siguiera felizmente casado y enamorado de su mujer. Más allá del hombre al que amaban, si algo tienen en común estas dos es que son mujeres fuertes, independientes, que vivían la vida que querían vivir. Temas como la maternidad, la lealtad, el compromiso salen a la luz. Y lo que consigue El embarcadero es que tú te posiciones, ¿qué harías?
El embarcadero funciona a varios niveles, más allá del suspense (¿se suicidó el marido? ¿qué sabe una que no sepa la otra de él? ¿qué relación entre ambas se dará tras ir conociendo los detalles?) la serie desprende una exquisita sensibilidad, con colores fríos para hablar de la ciudad, de los jefes machirulos, de la codicia y la ambición; en contraste con la estampa soleada, de colores cálidos, que se respira en la casita de Veronica, con su nevera en el porche y el sonido de los patos. Pero no nos equivoquemos, porque en ese lado aparentemente idílico se esconde una amenaza en la sombra, que nos tendrán que desarrollar y que tendrá que ver con el no-suicidio.
Lo peor para mí, tras ver estos dos primeros episodios, es la sobreactuación de Veronica Sánchez en el segundo episodio (una cosa es estar superada por los acontecimientos y otra, pulular en bragas por casa enchufándose cafeína como si fuera un episodio de CSI) y ese sobreesfuerzo de Alvaro Morte por aparentar despreocupación cuando se encuentra con Veronica. Lo compensan los toques cómicos siempre, la fotografía espectacular en muchas ocasiones, ciertas escenas algo edulcoradas que encuentran su verdadera intención más adelante (el momento de Verónica Sánchez con la niña es estremecedor), la relación de esa madre escritora entre la editorial y su desquiciada hija, y Marta Milans dándole cera de la buena a su jefe. Es ideal para hacerse un maratón y abrirá debate si la ves en compañía. ¿Qué harías tú si la persona a la que amas te hubiera engañado, pero te hubiera seguido haciendo feliz? Ojos que no ven…
from Yonomeaburro http://bit.ly/2Rx5fed
Breaking News: El embarcadero, un thriller psicológico sobre el verdadero sentido del amor - News Paper
El embarcadero se anunció en marzo como la primera serie de Atresmedia creada para Movistar+. Pude ver el primer episodio sin apenas saber nada allá por diciembre. El piloto me gustó, especialmente su final, que elegía el camino más inesperado. Aunque un hombre, Oscar, parecía ser el centro de atención (Alvaro Morte), pues su suicidio destapaba su doble vida, sus dos mujeres (Verónica Sánchez e Irene Arcos) se convertían en las verdaderas víctimas de la trama. Aunque el supuesto suicidio olía a algo más turbio, lo que más me interesó fue el análisis psicológico que se podría desarrollar de esta insólita situación a la que se enfrentaban estas dos mujeres y sus familias.
Como destaqué en Twitter, el thriller me atrajo por un gancho que "espero anime a la introspección", su liberadora atmósfera (la Albufera valenciana), el dinámico montaje (juega muy bien con el flashback, alternando esos dos mundos: entre la celeridad de la ciudad, la fiesta, el desorden y cierto caos; con esa albufera idílica, de parsimonia y paz) y una formidable Verónica Sánchez. Dirigen Jesús Colmenar, Alex Rodrigo y Jorge Dorado.
Incluí la serie en mi ranking de nuevas series feministas de 2019) por este previsible tour de force entre ambas actrices. Si en el primer episodio brilla Verónica Sánchez y cierto humor negro muy sutil (el funeral acaba siendo un mero trámite ante la sorpresa de su personaje, Alejandra, aliñada con los comentarios de extrañeza de la madre –Cecilia Roth– y la hermana –Marta Milans–), en el segundo (que pude ver en un visionado esta semana en el cine Metropol), entra en acción la otra, llamada Veronica (para más inri), dando alas a Irene Arcos (magnética) para brindarle al espectador las claves necesarias para comprender un poco más la situación. Oscar se enamoró de esta mujer libre, aunque siguiera felizmente casado y enamorado de su mujer. Más allá del hombre al que amaban, si algo tienen en común estas dos es que son mujeres fuertes, independientes, que vivían la vida que querían vivir. Temas como la maternidad, la lealtad, el compromiso salen a la luz. Y lo que consigue El embarcadero es que tú te posiciones, ¿qué harías?
El embarcadero funciona a varios niveles, más allá del suspense (¿se suicidó el marido? ¿qué sabe una que no sepa la otra de él? ¿qué relación entre ambas se dará tras ir conociendo los detalles?) la serie desprende una exquisita sensibilidad, con colores fríos para hablar de la ciudad, de los jefes machirulos, de la codicia y la ambición; en contraste con la estampa soleada, de colores cálidos, que se respira en la casita de Veronica, con su nevera en el porche y el sonido de los patos. Pero no nos equivoquemos, porque en ese lado aparentemente idílico se esconde una amenaza en la sombra, que nos tendrán que desarrollar y que tendrá que ver con el no-suicidio.
Lo peor para mí, tras ver estos dos primeros episodios, es la sobreactuación de Veronica Sánchez en el segundo episodio (una cosa es estar superada por los acontecimientos y otra, pulular en bragas por casa enchufándose cafeína como si fuera un episodio de CSI) y ese sobreesfuerzo de Alvaro Morte por aparentar despreocupación cuando se encuentra con Veronica. Lo compensan los toques cómicos siempre, la fotografía espectacular en muchas ocasiones, ciertas escenas algo edulcoradas que encuentran su verdadera intención más adelante (el momento de Verónica Sánchez con la niña es estremecedor), la relación de esa madre escritora entre la editorial y su desquiciada hija, y Marta Milans dándole cera de la buena a su jefe. Es ideal para hacerse un maratón y abrirá debate si la ves en compañía. ¿Qué harías tú si la persona a la que amas te hubiera engañado, pero te hubiera seguido haciendo feliz? Ojos que no ven…
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