“La diferencia entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión” (Einstein).
“El infierno está vacío, los demonios estásn aquí” (Shakespeare).
La serie alemana Dark ha sido una de las sorpresas de este año. Cuenta con lo mejor de Perdidos (“Todo está conectado”) y una enigmática ambientación que recuerda a Les Revenants (con pelirrojos también). Dark comienza con un suicida llamado Michael. Alguien prefiere quitarse de en medio mirando un enorme panel en el que aparecen decenas de fotografías que parecen estar conectadas. Desde el primer episodio, Dark avisa, algo que es muy loable: hay que estar atento a esas personas que aparecen en primer plano, hay que quedarse con sus nombres. Estamos en junio de 2019 y la carta del suicida, dice, no se puede abrir hasta noviembre de ese año. Éste es el tipo de misterio que me chifla, porque es a noviembre a donde saltamos. ¿Qué dirá la carta, de qué tipo de peligro nos avisará?
Al contrario de la campaña de Netflix, Dark no es otra Stranger Things. Hay chavales, sí, y varias realidades alternativas, pero para de contar. Porque Dark está en otro nivel, más bien, nivelazo. Me veo la temporada en dos tandas. No puedo parar de anotar ideas en un cuaderno. Es imposible comentarlo todo. Todo parece esconder algún misterio: esa intro a lo The Sinner que duplica la pantalla, la cueva del bosque, unas torres nucleares, la nota del suicida escondida en una caja, las pesadillas del hijo del suicida, un encapuchado… Y eso que en Winden nunca pasa nada. En magia, el truco no es cómo si no cuándo. Y de eso va Dark, de saltos en el tiempo con un arranque que enganchará a los amantes de la ciencia-ficción.
La desaparición de un chaval recuerda a un hecho similar ocurrido hace 30 años. La gran pregunta será: ¿tienen conexión? Dark entonces mezcla el thriller, una investigación, que corre a la par de varios sucesos que han marcado a los habitantes del pueblo, con ciencia-ficción. En Dark, como hemos visto en Mindhunter, Nacido para matar o Manhunt: Unabomber, también se preguntan si el asesino nace o se hace.
No sólo me gusta Dark porque me mantiene enganchada al misterio, también porque las expectativas se van cumpliendo. Me sorprende que en una subtrama haya hueco para una prostituta trans o que un cura llamado Noah me recuerde tanto (en positivo) al personaje de Jacob en Perdidos con el look del cura de El exorcista (este personaje tiene miga como cuando dice que Dios no existe, sólo el caos: “Una vez has visto el infierno no puedes huir de él”). De Perdidos también tenemos a un escritor que se parece a Faraday (inventa una máquina del tiempo gracias a tecnología que no existe en su tiempo, si no gracias a un viajero del futuro) y al Humo negro cuando escuchamos el “ruido” en la cueva. Por no hablar de la escotilla, esta vez, en forma de habitación raruna en un bunker.
Dark se sostiene en Nietzche y el eterno retorno, en la vida como un laberinto, en enfrentarse a las obsesiones y a los miedos. Un viaje en el que el espectador se embarca y le lleva a tres dimensiones: pasado, presente y futuro (triqueta), en variados símbolos de la mitología griega que se esconden en un montón de escenas. Y, por supuesto, en enormes paradojas, de ésas que nos hemos creído gracias a Regreso al futuro y propuestas similares.
La gran paradoja de Dark (con spoilers de la temporada)
El 4 de noviembre de 2019 Mikkel desaparece y viaja a 1986. No vuelve a su tiempo y se convierte en el futuro Michael. Todo está conectado por eso. La cueva es un portal, contenía bidones de la central, una avería liberó la energía, se iba la luz cada vez que “viajaban”. La paradoja resulta porque su hijo Jonas, entonces, sería en realidad el hijo del hijo de Ulrich (Mikkel) y, por tanto, su novia, Martha (hija de Ulrich) es, en realidad, su tía. Cuando buscan a Mikkel ya ha muerto porque Michael se ha suicidado. Cuando Ulrich tiene a Mikkel, Michael ya estaba con Hannah. Sin el DeLorean, pero con una cueva, Jonas viaja al pasado y se encuentra a su madre Hannah de pequeña. Si Jonas se lleva a Mikkel, Michael nunca existirá, pero no lo hace porque su propósito es más grande.
El bunker y la cueva: los viajes en el tiempo
El cura puede personificar el bien o el mal, pero está claro que hay dos bandos intentando controlar los viajes en el tiempo. ¿Es bueno Noah, el cura, o no? ¿Qué hacen realmente el Jonas del futuro (El extraño) y Claudia, de qué lado están? Claudia conoce el secreto de la cueva pues fue la directora de la central: descubre que la cueva es una máquina del tiempo, gracias al perro desaparecido que regresa en el futuro y al libro que Helge le regala. La hija de Claudia, Regina, acabará casada con el futuro director de la central, Aleksander. El libro fue escrito por HG Tannhaus (guiño a HG Wells, of course) al que Claudia y Jonas del futuro dieron instrucciones para construir la máquina del tiempo.
Por su parte, Noah creó la silla del bunker para poder viajar en el tiempo aprovechando la energía de la cueva. Los experimentos fallidos los hace con los niños que Helge secuestra, de ahí que sufran las quemaduras y se queden sordos. Noah lleva un tatuaje en la espalda con el mismo dibujo de la triqueta (pasado, presente y futuro) que el cuadro que ve Mikkel en el hospital. Este símbolo aparece en el libro de Noah y en el de Claudia.
Sobre la segunda temporada de Dark
El final de la temporada nos deja con Jonas en el futuro, descubierto por un grupo a lo Mad Max liderado por una mujer (¿tendrá que ver algo Claudia?). A ver qué nos depara la segunda temporada porque una de las grandes preguntas que nos deja Dark es relacionada con el cura: ¿quién es realmente, por qué no envejece a diferencia de Claudia, es alguien de los que ya hemos visto, pero del futuro?… Porque el encapuchado es el Jonas del futuro y resulta raro que su mejor amigo, Bartosz, no pulule también por ahí (y más hablando compinchado con el cura). Parece como si los personajes de Dark tuviesen todos su lado oscuro. ¿Quién de ellos construyó las puertas de la cueva?
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Breaking News: Dark (Netflix), la mejor serie de ciencia-ficción de 2017 - News Paper
“El infierno está vacío, los demonios estásn aquí” (Shakespeare).
La serie alemana Dark ha sido una de las sorpresas de este año. Cuenta con lo mejor de Perdidos (“Todo está conectado”) y una enigmática ambientación que recuerda a Les Revenants (con pelirrojos también). Dark comienza con un suicida llamado Michael. Alguien prefiere quitarse de en medio mirando un enorme panel en el que aparecen decenas de fotografías que parecen estar conectadas. Desde el primer episodio, Dark avisa, algo que es muy loable: hay que estar atento a esas personas que aparecen en primer plano, hay que quedarse con sus nombres. Estamos en junio de 2019 y la carta del suicida, dice, no se puede abrir hasta noviembre de ese año. Éste es el tipo de misterio que me chifla, porque es a noviembre a donde saltamos. ¿Qué dirá la carta, de qué tipo de peligro nos avisará?
Al contrario de la campaña de Netflix, Dark no es otra Stranger Things. Hay chavales, sí, y varias realidades alternativas, pero para de contar. Porque Dark está en otro nivel, más bien, nivelazo. Me veo la temporada en dos tandas. No puedo parar de anotar ideas en un cuaderno. Es imposible comentarlo todo. Todo parece esconder algún misterio: esa intro a lo The Sinner que duplica la pantalla, la cueva del bosque, unas torres nucleares, la nota del suicida escondida en una caja, las pesadillas del hijo del suicida, un encapuchado… Y eso que en Winden nunca pasa nada. En magia, el truco no es cómo si no cuándo. Y de eso va Dark, de saltos en el tiempo con un arranque que enganchará a los amantes de la ciencia-ficción.
La desaparición de un chaval recuerda a un hecho similar ocurrido hace 30 años. La gran pregunta será: ¿tienen conexión? Dark entonces mezcla el thriller, una investigación, que corre a la par de varios sucesos que han marcado a los habitantes del pueblo, con ciencia-ficción. En Dark, como hemos visto en Mindhunter, Nacido para matar o Manhunt: Unabomber, también se preguntan si el asesino nace o se hace.
No sólo me gusta Dark porque me mantiene enganchada al misterio, también porque las expectativas se van cumpliendo. Me sorprende que en una subtrama haya hueco para una prostituta trans o que un cura llamado Noah me recuerde tanto (en positivo) al personaje de Jacob en Perdidos con el look del cura de El exorcista (este personaje tiene miga como cuando dice que Dios no existe, sólo el caos: “Una vez has visto el infierno no puedes huir de él”). De Perdidos también tenemos a un escritor que se parece a Faraday (inventa una máquina del tiempo gracias a tecnología que no existe en su tiempo, si no gracias a un viajero del futuro) y al Humo negro cuando escuchamos el “ruido” en la cueva. Por no hablar de la escotilla, esta vez, en forma de habitación raruna en un bunker.
Dark se sostiene en Nietzche y el eterno retorno, en la vida como un laberinto, en enfrentarse a las obsesiones y a los miedos. Un viaje en el que el espectador se embarca y le lleva a tres dimensiones: pasado, presente y futuro (triqueta), en variados símbolos de la mitología griega que se esconden en un montón de escenas. Y, por supuesto, en enormes paradojas, de ésas que nos hemos creído gracias a Regreso al futuro y propuestas similares.
La gran paradoja de Dark (con spoilers de la temporada)
El 4 de noviembre de 2019 Mikkel desaparece y viaja a 1986. No vuelve a su tiempo y se convierte en el futuro Michael. Todo está conectado por eso. La cueva es un portal, contenía bidones de la central, una avería liberó la energía, se iba la luz cada vez que “viajaban”. La paradoja resulta porque su hijo Jonas, entonces, sería en realidad el hijo del hijo de Ulrich (Mikkel) y, por tanto, su novia, Martha (hija de Ulrich) es, en realidad, su tía. Cuando buscan a Mikkel ya ha muerto porque Michael se ha suicidado. Cuando Ulrich tiene a Mikkel, Michael ya estaba con Hannah. Sin el DeLorean, pero con una cueva, Jonas viaja al pasado y se encuentra a su madre Hannah de pequeña. Si Jonas se lleva a Mikkel, Michael nunca existirá, pero no lo hace porque su propósito es más grande.
El bunker y la cueva: los viajes en el tiempo
El cura puede personificar el bien o el mal, pero está claro que hay dos bandos intentando controlar los viajes en el tiempo. ¿Es bueno Noah, el cura, o no? ¿Qué hacen realmente el Jonas del futuro (El extraño) y Claudia, de qué lado están? Claudia conoce el secreto de la cueva pues fue la directora de la central: descubre que la cueva es una máquina del tiempo, gracias al perro desaparecido que regresa en el futuro y al libro que Helge le regala. La hija de Claudia, Regina, acabará casada con el futuro director de la central, Aleksander. El libro fue escrito por HG Tannhaus (guiño a HG Wells, of course) al que Claudia y Jonas del futuro dieron instrucciones para construir la máquina del tiempo.
Por su parte, Noah creó la silla del bunker para poder viajar en el tiempo aprovechando la energía de la cueva. Los experimentos fallidos los hace con los niños que Helge secuestra, de ahí que sufran las quemaduras y se queden sordos. Noah lleva un tatuaje en la espalda con el mismo dibujo de la triqueta (pasado, presente y futuro) que el cuadro que ve Mikkel en el hospital. Este símbolo aparece en el libro de Noah y en el de Claudia.
Sobre la segunda temporada de Dark
El final de la temporada nos deja con Jonas en el futuro, descubierto por un grupo a lo Mad Max liderado por una mujer (¿tendrá que ver algo Claudia?). A ver qué nos depara la segunda temporada porque una de las grandes preguntas que nos deja Dark es relacionada con el cura: ¿quién es realmente, por qué no envejece a diferencia de Claudia, es alguien de los que ya hemos visto, pero del futuro?… Porque el encapuchado es el Jonas del futuro y resulta raro que su mejor amigo, Bartosz, no pulule también por ahí (y más hablando compinchado con el cura). Parece como si los personajes de Dark tuviesen todos su lado oscuro. ¿Quién de ellos construyó las puertas de la cueva?
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